A LA OPINIÓN PÚBLICA
Pinochet murió y el país vuelve a polarizarse como si el tiempo no transcurriera. El solo nombre del dictador basta para posicionar a los chilenos en dos campos irreconciliables: los golpistas y anti demócratas y el pueblo. No queda lugar para los indecisos ni para las posiciones tibias. El dictador ha muerto y la mayoría de la sociedad chilena celebra, mientras que sus partidarios lo lloran.
Una primera constatación es la incapacidad histórica de la justicia chilena para encausarlo y condenarlo por las violaciones a los DDHH. Se olvida que para ser enjuiciado era necesaria una decisión política del gobierno. Esa decisión fue tomada, pero en el sentido opuesto: no encarcelar a Pinochet fue la primera y más importante concesión que hizo la Concertación al inicio de la transición. Este compromiso lo cumplió a cabalidad trayéndolo desde la cárcel de Londres para dejarlo en libertad en Chile.
Pinochet ha muerto físicamente, pero nos legó un Chile “moderno”, concepto tan de moda y aceptado por el conjunto de la clase política presente en el Parlamento. ¿Qué significa esa “modernidad”? Significa en primer término que Chile ha heredado un modelo económico y de dominación que se ajusta perfectamente con la globalización de la economía mundial.
En Chile sigue vigente, pese a algunas reformas cosméticas, la Constitución de 1980, constitución de corte inédito, que permite que a un candidato le baste con obtener un poco más de un tercio de los votos para ser electo, pese a que en las listas opuestas haya candidatos que obtengan más votos que él. En términos aritméticos 33 % es igual al 66 %, o sea, la cuasi cuadratura del círculo.
Además, en caso que no haya acuerdo en el Parlamento sobre algún proyecto de ley, que se refiera algún tema de la Constitución, éste es sometido a las “arcas caudinas” del Tribunal Constitucional, instancia antidemocrática, pero defendida a brazo partido por la Concertación, que simplemente puede objetar y anular la vigencia de dicha ley, aunque haya sido aprobada por la mayoría del Parlamento.
Esta Constitución pseudo democrática es la principal herencia del pinochetismo y es defendida por la Concertación como el nec plus ultra de la “modernidad” chilena, pues ella permite “gobernabilidad y estabilidad política” a Chile. No olvidar que ahora ella porta la firma de Ricardo Lagos y no de Pinochet, lo que la hace “más democrática”.
Pero la Constitución de 1980 no solo es antidemocrática por excluir a las minorías, lo es esencialmente por comportar un cúmulo de articulados que le entregan un poder desmesurado al Ejecutivo y limitan al Parlamento a un rol menor. No hay un real equilibrio de poderes, según el ideario de Montesquieu, tan celebrado por la “moderna” democracia yanki, que ha servido de modelo a tantas otras en el mundo.
Pero hay otro aspecto del que nadie habla: es el inmenso poder económico, técnico, material y operacional que tienen las FFAA chilenas, respecto de sus pares latinoamericanas. Un “detalle” olvidado por los sucesivos ministros de Hacienda, cada vez que se elabora la ley de presupuesto, permite destinar el 10% de las ventas de CODELCO a las FFAA, además de un piso garantizado, en caso de pérdidas.
Este detalle no menor si lo multiplicamos por los 17 años de Pinochet más los 16 años de la Concertación, permite entender porqué el Ejército ha tolerado que Contreras y otros agentes de la DINA sean procesados y encarcelados. Para el Ejército cualquiera puede ir en prisión, excepto Pinochet. Hoy día esa amenaza dejó de existir.
Podemos decir que la institucionalidad pinochetista sobrevive a Pinochet y tiene largos años por delante. La Concertación no tiene vocación de desmontar el aparato de poder pinochetista, sino de inyectarle algunas dosis homeopáticas de democracia. Más bien hacer el modelo “presentable” a la vista de los observadores internacionales para obtener “inversiones de capital extranjero” esenciales al modelo económico imperante. Aunque estas dichosas inversiones permitan no el desarrollo del país, sino de las utilidades de las compañías transnacionales, verdaderas beneficiarias del modelo.
No nos detendremos en las nefastas consecuencias económicas y sociales de este modelo económico. Las cifras hablan por sí solas en los niveles de extrema pobreza, pobreza, cesantía y como consecuencia de ello la alta tasa de delincuencia, unida a la promiscuidad social de las poblaciones periféricas y otras lacras como la drogadicción.
Pero ese Chile popular y por tanto “real” no existe para los ojos de nuestros gobernantes y de la clase empresarial, que sólo ven cifras de orden macro tan exitosas que los encandilan y les permiten auto felicitarse en los eventos de Casa de Piedra.
En verdad Pinochet no ha muerto, seguimos bajo su legado y ya van dos generaciones de chilenos que creen que la democracia es esta entelequia que la Concertación les vendió. Entonces, muchos tienden a confundirse y pensar que la corrupción, por ejemplo, es algo inherente a la democracia, o como que a un candidato le baste con estar en la buena lista y lugar, como Allamand, Frei o Romero, para ser electos.
Pinochet abandona este mundo y sus partidarios, mirando para el lado, están obligados de acompañarlo. Finalmente el trabajo sucio está hecho y la derecha económica nacional y extranjera sigue profitando de los recursos de nuestro país. El último que se les estaba escapando lo acaban de controlar: los derechos de agua dulce del Sur. Por supuesto que Chile requiere electricidad, pero no tanta para su población como para las empresas expoliadoras y grandes consumidoras de energía, como las grandes mineras del Norte.
Solo nos queda decir que nosotros sabemos que una democracia plena solo es aquella en que hay justicia e igualdad real de oportunidades. Una real libertad de expresión es la base de todas las otras libertades, y no esa seudo prensa y televisión que embrutece cotidianamente a las masas de nuestro país. Una sociedad democrática es aquella en que rigen plenamente todos los Derechos Humanos.
Nosotros no claudicaremos y seguiremos en nuestra lucha por justicia y castigo a los culpables de crímenes de lesa humanidad y por obtener la reparación que nos corresponde en justicia. No permitiremos que los genocidas y torturadores se burlen de nosotros y de la justicia. Si es preciso recurriremos a las instancias internacionales.
No buscamos venganza, buscamos un país purificado y saneado definitivamente de sus heridas. Para ello la verdad y la justicia son imprescindibles junto con la recuperación de la memoria histórica de nuestro pueblo. Solo así podemos pretender que se haga realidad un auténtico:¡Nunca Más!
<span style="font-size:10pt">COMITÉ UNITARIO DE EXPP DE CHILE *
Santiago, 11 de Diciembre de 2006
(*) Integrado por la Agrupación Nacional de Ex PP de Chile, la Coordinadora Nacional de Ex PP de Chile,
la Brigada de Ex PP del Partido Socialista y los Familiares de Ex PP Fallecidos.