viernes, 28 de octubre de 2005
Por nortinorebelde a las 18:17
Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario
En este trabajo pretendo evocar el profundo compromiso social y político que Antonio Llidó, un sacerdote de mi tierra, Alicante, asumió durante sus cinco años en aquel Chile involvidable de la Unidad Popular y doloroso de la dictadura militar. Su entrega, su lucha junto a los humillados y los explotados, su alegría, su afán por aprender, su sentido del humor, son, no sólo un apasionante objeto de investigación histórica, sino también un ejemplo para quienes, como él, aspiramos a transformar la sociedad en un sentido socialista.
1. Introducción
En este trabajo pretendo evocar el profundo compromiso social y político que Antonio Llidó, un sacerdote de mi tierra, Alicante, asumió durante sus cinco años en aquel Chile involvidable de la Unidad Popular y doloroso de la dictadura militar. Su entrega, su lucha junto a los humillados y los explotados, su alegría, su afán por aprender, su sentido del humor, son, no sólo un apasionante objeto de investigación histórica, sino también un ejemplo para quienes, como él, aspiramos a transformar la sociedad en un sentido socialista.
Mi principal fuente son las cartas que Llidó enviaba a sus familiares y amigos. Por ellas conocemos su vida cotidiana y también los avatares de su participación política, sus enfrentamientos con la jerarquía eclesiástica, su lucha en la clandestinidad... A través de ellas recuperamos su palabra, sus esperanzas, sus ilusiones... La editorial valenciana Tàndem Edicions acabar de publicar estas cartas en un hermoso libro titulado Antonio Llidó. Epistolario de un compromiso.
Además, he tenido la suerte de ver los excepcionales testimonios de sus amigos y compañeros que ha filmado su sobrino Andreu en Chile. Algunos de ellos enriquecen este trabajo y de ellos soy deudor de cara a futuros proyectos de investigación.
2. "Urge hacer la revolución"
Antonio Llidó nació en Xàbia (Alicante) el 29 de abril de 1936. En 1956 terminó los estudios de Magisterio y, en 1963, fue ordenado sacerdote y enviado a Balones y Quatretondeta, dos aldeas de la sierra alicantina. Allí desarrolló una extraordinaria labor pastoral, social y pedagógica.
Ante las protestas de los sectores conservadores locales, en 1967 el obispo de Valencia le envío a cumplir el servicio militar a Ferrol. En junio de 1969 partió hacia Chile enviado por la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana. El viaje en barco le permitió visitar varios países y constatar las enormes diferencias sociales, la injusticia social que atravesaba, y atraviesa aún más hoy, América Latina.
Caracas, Guayaquil, Lima, Valparaíso... le muestran la dolorosa realidad de Nuestra América. De la capital venezolana, por ejemplo, escribió a unos amigos: "Caracas impresiona enormemente porque es lo primero que se ve de América y por la insultante cohabitación de la riqueza más extravagante y la pobreza más humillante".2
El 11 de julio llegó a Quillota, cerca de Valparaíso, donde vivió los siguientes cuatro años. "Quillota es una ciudad de 60.000 habitantes constituida por un núcleo central y muchas barriadas, llamadas poblaciones, formadas cada una por una agrupación de casas idénticas. Yo vivo en una de esas poblaciones con Paco Mercader (sacerdote valenciano). Nos encargamos de varias poblaciones periféricas y de unos cuantos pueblecitos del campo".3
Llidó llegó a un país de casi diez millones de habitantes, subdesarrollado y dependiente, con una injusta distribución de la riqueza (el 2% de las familias acaparaba el 60% de la renta), con un grave deficit habitacional (faltaban 585.000 viviendas) y serias carencias en la atención infantil (el 50% de los niños estaban desnutridos y un millón no estaban escolarizados). "Acá los ricos son enormemente ricos y los pobres horriblemente pobres", escribió a su familia.
En aquel momento agonizaba el proyecto reformista de Eduardo Frei. Sus tímidas transformaciones y la represión que ejerció sobre el movimiento obrero propiciaron que sectores cristianos se acercaran a las posiciones de la izquierda. El Concilio Vaticano II y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en 1968 en Medellín, así como las muertes en combate de Camilo Torres y Ernesto Che Guevara influyeron también en esa evolución.
El 11 de agosto de 1968 un grupo de 200 laicos, siete sacerdotes y tres religiosas tomaron la catedral de Santiago y desplegaron una pancarta que rezaba "Por una Iglesia junto al pueblo y sus luchas". Así nació el Movimiento Iglesia Joven, que denunciaba "la violencia provocada por los ricos y poderosos" y "el engaño de una falsa democracia manejada por unos pocos". Por ello querían construir "una nueva Sociedad que dignifique a la persona humana y donde sea posible el amor".4
En mayo de 1969 destacados dirigentes de la DC, como Jacques Chonchol, y numerosos militantes de su rama juvenil fundaron el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) ya que deseaban unirse a "la lucha del pueblo por la justicia, por la democracia, por la revolución, por la nueva sociedad comunitaria y socialista".5
Como en toda América Latina, amplios sectores cristianos, entre ellos sacerdotes como Antonio Llidó, abandonaron la tradicional alianza con la oligarquía y asumieron "la opción prioritaria por los pobres" de la naciente Teología de la Liberación.
El compromiso de Llidó surgía sobre todo de la realidad cotidiana con la que convivía y que describió con crudeza: "Las situaciones concretas que uno tiene que afrontar a diario son, a menudo, espeluznantes. Niñas violadas por su padre o por un hermano (duermen 10 y 12 personas en una habitación pequeña), 80% de niños subnormales en la zona donde yo trabajo (comen sólo verdura desde su más tierna infancia, les faltan proteínas), 50% de niños mueren antes de los 15 años (no hay asistencia médica domiciliaria y el hospital no da abasto)".6
Antonio Llidó rechazaba la vieja caridad cristiana porque con ella "se colabora a mantener el estado de injusticia y, lo que es más grave, se adormece a la gente haciéndoles creer que es un problema de buena voluntad de un grupo de personas buenas que les van a resolver su hambre diaria. Hay que atacar las estructuras que hacen posible esta situación. Urge hacer la Revolución".7
3. "Andábamos convenciendo a las viejas beatas de que votaran por Allende"
Al poco tiempo de llegar a Quillota, Antonio Llidó se acercó a la gente humilde e inició su trabajo pastoral: "Estoy trabajando en unas barriadas extremas de la ciudad de Quillota y también me encargo de cuatro pueblos del alrededor. La situación de los campesinos chilenos es inimaginable. Las buenas palabras no sirven para nada y mientras no haya una auténtica revolución en América Latina, las cosas no marcharán. Yo trato de hacer todo lo que puedo y, sobre todo, intento captar la manera de ser chilena para no hacer neocolonialismo espiritual".8
Muy pronto también tuvo su primer enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica ya que participó en una manifestación para protestar por la construcción de un gimnasio "superlujoso" en un colegio religioso de Quillota: "Llevábamos unas pancartas bastante escandalosas. La mía decía: Gimnasios para los ricos, Hambre para los pobres. La agresión fue brutal"9 . "Ahora han escrito una carta al obispo pidiendo nuestro traslado por ‘alterar la paz de las conciencias quillotanas’. Es el colmo".10
En su primer verano en Chile, Llidó organizó dos colonias infantiles, a las que durante 15 días fueron 62 niños de la zona rural que atendía como sacerdote "Esos niños, en su mayoría subalimentados, salían por primera vez de sus casas y hubo que hacer un arduo trabajo con ellos. Recibieron clases, hicieron gimnasia, se bañaron, jugaron, hablaron con nosotros. Al final devolvimos a sus casas 62 niños mucho más seguros y válidos. No obstante, el problema subsiste. No se arregla la grave situación de la niñez chilena llevándose 62 niños al campo durante 15 días".11
En marzo, con el inicio del curso escolar, Antonio Llidó empezó a dar clases de francés en tres colegios de Quillota a fin de garantizar su subsistencia ya que renunció a recibir dinero de sus feligreses, el único salario de los sacerdotes en Chile.
El 4 de septiembre Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular, venció en las elecciones presidenciales con el 36,2% de los votos. Pese a las maniobras norteamericanas para provocar un golpe de estado, el 3 de noviembre Allende fue investido Presidente de la República.
Entre 1932 y 1973 Chile tuvo un régimen constitucional casi único en una América Latina sometida por regímenes populistas o dictaduras militares. Sin embargo, Tomás Moulian sostiene que durante aquellas cuatro décadas Chile construyó el mito de tener "una democracia ejemplar", cuando "tuvimos siempre una democracia política en proceso de perfeccionamiento, pero con una sociedad muy oligárquica y muy autoritaria en sus jerarquías"12 . Este "mito" fue asumido por el sector hegemónico de la izquierda y es imprescindible para entender la "vía chilena al socialismo".
El programa de la Unidad Popular contemplaba la nacionalización de los bancos, de la gran minería (cobre, salitre, hierro) y de las industrias estratégicas, y la participación de los trabajadores en su gestión, la intensificación de la reforma agraria, una política internacional en favor de la paz y la integración de Chile entre los Países No Alineados, el reparto gratuito de medio litro de leche diario a todos los niños, medidas de redistribución de la riqueza, mejora sustancia de la sanidad y la educación...
En las cartas a su familia Llidó explica con ironía su apoyo al candidato de la Unidad Popular: "Andábamos convenciendo a las viejas beatas para que votaran por Allende pues de lo contrario se iban a condenar sin remedio".13
Desde su llegada a Chile este sacerdote mostró su simpatía por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Así, coincidió con el análisis que este partido realizó de la victoria de Allende: "La izquierda más activa no cree que la solución para Chile y Latinoamérica provenga de las urnas electorales sino de un enfrentamiento armado. De ahí que, al margen de estos avatares políticos, se sigue preparando para la revolución".14
Meses después Llidó fundó la primera base del MIR en Quillota junto a algunos estudiantes. Creado en 1965 en la Universidad de Concepción, este partido marxista-leninista muy influido por la Revolución Cubana aspiraba "al derrocamiento del sistema capitalista y su reemplazo por un gobierno de obreros y campesinos, dirigido por los órganos del poder proletario, cuya tarea será construir el socialismo y extinguir gradualmente el Estado hasta llegar a la sociedad sin clases. La destrucción del capitalismo implica un enfrentamiento revolucionario de las clases antagónicas".15
Andrés Pascal Allende, uno de los principales dirigentes del MIR, asegura que el concepto clave en su estrategia era "el poder popular": "Frente a una democracia limitada a las elecciones, pretendíamos extender la participación a todas las esferas sociales y generar órganos de poder institucionales alternativos a los burgueses".
"El MIR –añade- alentaba las movilizaciones, pero también tendía a impulsar este sentido solidario y comunitario en los frentes sociales. Por ejemplo, los campamentos empezaron a tener sus propias escuelas, sus actividades culturales y su asamblea democrática, donde colectivamente ellos, y no la dirección del partido, tomaban las decisiones. Entonces, se generaba un sentido de hermandad que identificaba a muchos cristianos con las políticas de movilización social que impulsaba el MIR".16
4 "El enfrentamiento con el clero conservador toma caracteres de batalla sangrienta"
A principios de 1971 Llidó volvió a organizar una colonia para 75 niños de las poblaciones de Quillota. En febrero trabajó junto a unos universitarios con unos campesinos beneficiados por la Reforma Agraria. Además de cultivar la tierra y de alfabetizar a niños y adultos, hicieron una labor de "concientización política".
También la concepción de sus creencias evolucionaba acorde con el proceso de cambios: "Entiendo cada vez más mi religión y mi sacerdocio como un compromiso con la sociedad en la que vivo, un compromiso con aquellos hombres y mujeres que luchan por la instauración de un orden social que impida la esclavitud, que capacite al hombre para acercarse cada vez más a su plenitud, que haga la injusticia y la explotación cada vez más difíciles y no el pan nuestro de cada día".17
En abril la UP logró una arrolladora victoria en las elecciones municipales al obtener el 50% de los votos. Llidó apoyó al candidato socialista, un zapatero que fue elegido alcalde de Quillota, ya que el MIR renunciaba a presentarse a las elecciones y solía pedir el apoyo para este partido.
Entre el 14 y el 16 de aquel mes se celebraron en Santiago unas importantes jornadas llamadas "Participación de los Cristianos en la Construcción del Socialismo", a las que acudieron ochenta sacerdotes, entre ellos Llidó. En el comunicado final los asistentes proclamaron su compromiso con el singular proceso revolucionario chileno, tras constatar que "el sistema capitalista es la causa de las condiciones de explotación de la clase trabajadora" ("desnutrición, falta de vivienda, cesantía y escasas posibilidades de acceder a la cultura"). Esta declaración originó una agria polémica con la jerarquía eclesiástica.
Llidó tampoco dejaba de lado su formación política y así relataba que "hace más de un año que estoy estudiando marxismo sistemáticamente con un grupo de gente de Valparaíso y Quillota. Los socialistas de aquí saben tan poco que paso por ser un gran especialista. Me han pedido que dé unas lecciones sobre El Estado y la Revolución de Lenin a la Juventud Socialista. Comienzo el domingo próximo".18
El 9 de julio de 1971 un fortísimo terremoto sacudió la provincia de Valparaíso. En Quillota "el 60% de las casas fueron afectadas gravemente y 4.000 han de ser demolidas. De las tres capillas que yo atiendo, una (La Tetera) se ha de demoler totalmente y las otras dos tienen que cambiar de fachada"19 . "Como el terremoto también es clasista, -escribió con su maravillosa ironía- se han caído las casas de los pobres mientras quedaban en pie las de los ricos".20
Días después otro seísmo sacudió a la Democracia Cristiana, ya que seis de sus diputados abandonaron el partido, crearon la Izquierda Cristiana (IC) y se unieron a la UP. Sin embargo, estas escisiones debilitaron al sector progresista de una DC que poco a poco se unió a la derecha y cuya dirección acabó alentando el golpe de estado.
El creciente compromiso político que asumió Antonio Llidó le enemistó con la cúpula de su diócesis, en especial con el obispo, Emilio Ruiz Tagle, y con su vicario en Quillota, René Pienovi. "El enfrentamiento con el clero conservador está tomando caracteres de batalla sangrienta. Pienovi ha comenzado una campaña sistemática por desprestigiarme como sacerdote. Me presenta como un político disfrazado de sacerdote que predica la violencia para terminar con la ‘esencia democrática de nuestro pueblo que es el tesoro más sagrado que nuestros antepasados nos legaron’. Me ha sustituido en dos puestos que ejercía desde que llegué. Veremos cuál es el próximo golpe"21 . Pocas semanas después fue invitado a abandonar la diócesis.
A finales de 1971, Fidel Castro realizó una prolongada visita a Chile. Llidó participó junto con un grupo de sacerdotes que apoyaban el proceso revolucionario chileno en un encuentro con Fidel en la Embajada de Cuba en Santiago. "Nos atendió maravillosamente, nos hizo reír continuamente –tiene gran sentido del humor- y nos dijo gran cantidad de cosas sobre la Revolución Cubana"22 . Como anécdota, podemos señalar que Llidó preguntó al comandante cubano si su presencia allí era "táctica" o "estratégica", a lo que éste respondió que era "estratégica". Su pregunta está recogida en los libros y documentos editados sobre aquel encuentro.
En abril de 1972 tuvo lugar en Santiago el Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo. Meses antes, en septiembre de 1971, el comité coordinador de Los Ochenta había creado un secretariado con este nombre. Nacía así en Chile un importante movimiento que ha arraigado en países de todo el mundo.
Antonio Llidó fue uno de los fundadores de la comunidad quillotana de Cristianos por el Socialismo. "Al mirar a nuestro alrededor, vemos que los pobres sufren grandes injusticias: falta de techo, vestido, alimentos, educación, asistencia médica..." Llidó y sus compañeros consideraban que "sólo por el camino de la Revolución llegaremos a construir una sociedad más justa y humana".23
El 7 de mayo de 1972 comunicó a su familia que el obispo le había suspendido de sus funciones sacerdotales en la diócesis de Valparaíso. Indignados, sus feligreses, que le habían apoyado en sus anteriores enfrentamientos con Ruiz Tagle, ocuparon durante varias semanas una de las parroquias que atendía.
"Yo voy a seguir mi trabajo como profesor por el momento y también un trabajo político. En este momento tengo obligaciones muy concretas que realizar y responsabilidades que me llevan bastante tiempo. Estoy jodido pero contento de saber que ése es el camino a seguir. Parece ya definitivo que no se puede estar comprometido con los explotados y con la estructura jerárquica chilena comprometida con la clase explotadora. Hay gente dispuesta a hacer caso omiso de la prohibición episcopal y reunirse conmigo a celebrar misa. Vamos a hacerlo cuando lo creamos conveniente".24
Antonio Llidó ya había hallado su lugar en el mundo. "Está decidido que me quedo. Estoy comprometido políticamente, es cierto. Así lo quiero y estoy agradecido a los chilenos que me permiten colaborar con ellos en esta tremenda lucha por instaurar el socialismo".25
5. Crear, crear, poder popular
En octubre de 1972 la Confederación Nacional de Dueños de Camiones inició un paro nacional indefinido, al que se sumaron la mayoría de los profesionales y de los comerciantes. La llamada "insurrección de la burguesía" provocó el desabastecimiento de las grandes ciudades y pérdidas estimadas en 200 millones de dólares.
La respuesta de los trabajadores chilenos fue inmediata. Surgieron los cordones industriales, los comandos comunales, se extendieron las juntas de abastecimiento y precios... Empezaba a germinar "el poder popular" y, junto al ala más radical del Partido Socialista, parte del MAPU y la IC, el MIR jugó un papel destacado en esta labor.
En una carta del 3 de noviembre a su familia Llidó aseguró que "tenemos Gobierno por unos días o por unos meses" pues intuía que, si la oposición no lograba destituir a Allende por la vía constitucional tras las elecciones parlamentarias del 4 de marzo, la DC apoyaría un golpe de estado
Y añadió: "Nadie puede permanecer neutral en esta lucha a muerte. Se trata de trabajar desesperadamente para dar una organización político-militar al pueblo. En eso estamos". Como su partido, este sacerdote criticó la decisión de Allende de cerrar la crisis de octubre con la entrada del general Prats y de otros dos militares en el Gobierno.
En diciembre Llidó empezó a trabajar también en la recolección de tomates para la exportación ("los peores quedan para el consumo interior", escribió) a fin de poder subsistir en los meses siguientes, cuando se interrumpían las clases escolares.
La agudización del conflicto político y social imposibilitó que volviera a organizar las colonias infantiles. "Dedico casi el 100% de mi trabajo a la tarea revolucionaria. En unos días más comienza el año escolar y voy a tomar sólo unas pocas horas de francés para poder comer con lo que gane. El resto de tiempo se hace insuficiente para atender los múltiples llamados del pueblo organizado en el campo, la industria, las poblaciones y las universidades que buscan una conducción revolucionaria a sus aspiraciones de justicia".26
"Pero no se crea que la tarea revolucionaria es algo extraordinario, algo brillante con acciones militares y aplauso admirado de las masas. No es ni más ni menos que la monótona y dura lucha diaria por crear amor y justicia a nuestro alrededor. Lo que para mí es clave en esta lucha diaria es que no la estoy dando solo sino que conmigo hay un numeroso grupo de hombres y mujeres que se entregan en cuerpo y alma a la lucha".27
Pese a la crisis económica, la Unidad Popular alcanzó el 43,4% de los votos en las elecciones de marzo. Según un informe confidencial de la Sociedad de Fomento Fabril, la gran patronal chilena, tras aquel resultado el país tenía "como única salida la guerra civil y el enfrentamiento".28
En aquel momento las diferencias en el seno de la izquierda también eran casi irreconciliables. Ya durante 1972 habían surgido serias discrepancias con motivo de los enfrentamientos callejeros en Concepción entre militantes socialistas, del MIR y otros pequeños partidos de la UP y partidarios de la oposición.
El "cónclave de Lo Curro", que dio un viraje a la política económica del Gobierno en favor de las tesis comunistas, en junio, la Asamblea de Concepción, en julio, y los hechos de Lo Hermida, en agosto, así como la resolución de la crisis de octubre y la división del MAPU, en marzo de 1973, acrecentaron la brecha entre las dos concepciones del proceso revolucionario.
"La sociedad chilena –explicaba Llidó- está tremendamente polarizada por la política. Los dos bandos están perfectamente definidos y no hay ninguna posibilidad de entendimiento entre ellos. La pelea es a muerte y todos queremos ser vencedores".29
Además, con motivo del proyecto gubernamental de la Escuela Nacional Unificada, la Iglesia se unió por primera vez a la oposición. "Este dato es grave pues es proverbial el ojo clínico de la jerarquía. Cuando las ratas abandonan el barco, señal de que hay peligro de hundimiento..."30
En aquellas fechas, este sacerdote fue elegido presidente de la Junta de Vecinos de la Población O’Higgins tras vencer en las elecciones la lista de la izquierda que encabezaba. Días después del tanquetazo del 29 de junio, fue allanada la modesta habitación donde vivía y pasó ocho días en la cárcel. Con motivo de su puesta en libertad se organizó un "acto de masas" en un sindicato industrial donde se reunieron todos los partidos de izquierda de la ciudad.
Durante aquel invierno austral Allende buscó, con el apoyo del Partido Comunista y la oposición del PS y el MIR, un acuerdo con la Democracia Cristiana que propiciara una solución pacífica para la crisis política y económica. Las conversaciones fracasaron por la claudicación que exigía este partido, dirigido entonces por Patricio Aylwin y Eduardo Frei.
El 13 de agosto Llidó definía con sorprendente lucidez la disyuntiva que afrontaba la Unidad Popular: "O Allende capitula ante las exigencias de la DC, Partido Nacional... (devolución de empresas y fundos estatizados, represión a la izquierda –al MIR fundamentalmente-) o golpe militar con todas sus consecuencias. Nosotros pensamos que la única solución es lanzar al pueblo a la pelea por resolver sus propios problemas". Y también expresaba sus críticas al Gobierno: "Cuando eso ocurre, la policía, mandada por Allende, se encarga de reprimir y detener el avance de las masas".31
El 23 de agosto, ante la imparable campaña de desprestigio que sufría y la insubordinación de algunos generales, Carlos Prats y otros dos destacados militares legalistas solicitaron su pase a retiro. Prats se había ganado el respeto de Allende y de la izquierda. El 30 de septiembre de 1974 él y su esposa Sofía fueron asesinados por la DINA en Buenos Aires.
Allende nombró como nuevo comandante en jefe del ejército a Augusto Pinochet, considerado leal por su antecesor y por el Gobierno. Según el entonces embajador norteamericano, el 22 de agosto Pinochet había asegurado: "Señor Presidente, sepa por favor que estoy dispuesto a dar mi vida en defensa del gobierno constitucional que usted encarna"32 . La actitud del comandante en jefe del ejército era decisiva ya que el eje de la política militar de la Unidad Popular era la confianza en la lealtad de la cúpula las Fuerzas Armadas.
Según Joan Garcés, "Allende recibió unas FF AA cuyo equipo, doctrina y entrenamiento estaban por completo en manos de EE UU. Para la sociedad latinoamericana renacionalizar en 1970 su Defensa era tan difícil como recuperar sus principales recursos naturales"33 . De hecho, sólo entre 1966 y 1973, 1.182 oficiales chilenos fueron adiestrados y adoctrinados en la Escuela de las Américas, situada entonces en Fort Gluck (Panamá).34
6. "Me quedo en Chile"
Con la traición de Pinochet el golpe de estado militar triunfó el 11 de septiembre sin apenas resistencia por parte de la izquierda. Se confirmó, pues, el análisis del secretariado de Cristianos por el Socialismo, que, en octubre de 1972, había afirmado: "O cambiamos el actual sistema y construimos con esperanza el socialismo, o el poder del capitalismo se endurecerá... y mostrará su verdadera cara arrasando con todas las libertades que dice defender".35
Durante los mil días de la Unidad Popular, Estados Unidos dio apoyo económico y cobertura ideológica a toda acción contra el Gobierno legítimo de Chile36 . El Comité de los 40, encargado de aprobar las acciones secretas de la Casa Blanca, destinó 9.250.166 dólares para todas esas actividades.37
Aquel 11 de septiembre de 1973 se confirmó el escepticismo que siempre mostró Antonio Llidó ante "la vía chilena al socialismo": "Nunca en la historia los poderosos se dejaron arrebatar pacíficamente sus privilegios. Chile no va a ser una excepción", escribió a su amigo Héctor el 29 de febrero de 1972. Asimismo, también acertó en su concepción del papel de los militares: "Esa versión de que el Ejército se mantiene al margen del proceso es meramente romántica. Los militares en este país, como en todo el mundo, son el pilar fundamental que sostiene el sistema capitalista".38
El 13 de septiembre la jerarquía eclesiástica emitió una ambigua declaración en la que lamentó "la sangre que ha enrojecido nuestras calles, nuestras poblaciones y nuestras fábricas, sangre de civiles y sangre de soldados" y pidió "moderación frente a los vencidos", pero no desaprobó el golpe de estado. La condena eclesiástica que no mereció la sublevación militar sí recayó sobre los católicos que se comprometieron con la construcción de una sociedad más justa.
Además, a finales de octubre la Conferencia Episcopal hizo público el documento "Fe cristiana y actuación política", aprobado el 13 de septiembre, donde prohibían a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas que formaran parte de Cristianos por el Socialismo. Como señala Pablo Richard, "los obispos condenan públicamente al movimiento CPS justo cuando éste está sufriendo, golpeado, humillado, disperso, clandestino, sin ninguna posibilidad de levantar una voz de legítima defensa". Cinco sacerdotes, entre ellos Joan Alsina y Antonio Llidó, y 32 dirigentes laicos miembros de este movimiento fueron asesinados por la dictadura.39
El 11 de septiembre de 1973 Antonio Llidó se reunió con los trabajadores de una empresa textil de Quillota y con sus compañeros del MIR y decidieron que debían pasar a la clandestinidad ante la imposibilidad de oponer resistencia.
Tras estar unos días en Valparaíso, Llidó se trasladó a vivir a Santiago junto con un compañero. Este sacerdote valenciano decidió quedarse en Chile, pese a que la dirección del MIR había autorizado a sus militantes extranjeros a asilarse, porque consideraba que "ausentarse en las presentes circunstancias es una traición a la clase oprimida, que sufre la acometida brutal del gorilaje uniformado".40
Para hacer frente a la dictadura, el MIR consideraba esencial "la reorganización clandestina de las masas y la elaboración de la resistencia armada", así como "la formación de un frente revolucionario único que reagrupe a todas las fuerzas hostiles a la dictadura"41 . A ello se entregó Antonio Llidó durante su año de clandestinidad en Santiago. Pero en 1974 la brutal represión militar se ensañó con el MIR, que perdió a más de 200 militantes, entre ellos a su secretario general, Miguel Enríquez.
El 24 de agosto de 1974 Llidó envío a Fusteret, un amigo de Benitatxell (Alicante), la que sería su penúltima carta: "Te escribo a la luz de una vela, en algún lugar de Chile y en las condiciones en que puedes imaginar ya que estoy considerado un peligro para la seguridad nacional..."
La última, para su familia, está fechada en septiembre. "Siguen cayendo compañeros todos los días, pero hasta ahora yo me he podido librar. No quiero ponerme dramático, pero alguna vez hay que decirlo. Si algo malo me ocurriera, quiero que tengan claro que mi compromiso con esto que hago ha sido libremente contraído, con la alegría de saber que esto es exactamente lo que me corresponde hacer en este momento. Despójenlo, en lo posible, de todo signo romántico o heroico".
El 1 de octubre fue detenido en Santiago por agentes de la siniestra Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Recluido en el centro de detención del número 1.315 de la calle José Domingo Cañas, sufrió torturas espantosas.
Cecilia Jarpa también estuvo detenida en aquel lugar. "Allí pude verlo y constatar su mal estado físico debido a las torturas. El sacerdote sufría de una úlcera gástrica que había hecho hemorragia a causa de la fuerte tortura a que había sido sometido. A pesar de ello, él conservaba una gran entereza y excelente estado de ánimo".42
Julio Laks también coincidió con Llidó en aquel centro de detención. "En el lapso de dos o tres días, el Padre Llidó fue sacado de su celda repetidas veces para ser interrogado. Cada vez volvía en peor estado físico. Al cabo de tres días tenía grandes dificultades para moverse a causa de los dolores ocasionados por las torturas (le golpeaban brutalmente y le aplicaban electricidad en todo el cuerpo durante varias horas seguidas). Tenía su camisa manchada de sangre y aparentemente tenía hemorragias internas y desgarros musculares".
"A pesar de su estado físico, y del trato injurioso que recibía por parte de los agentes de la DINA –que se burlaban groseramente de su condición de sacerdote- el Padre Llidó mantuvo siempre una presencia de ánimo sorprendente y aún encontraba fuerzas para consolar a sus compañeros de celda, compartiendo también con ellos, en partes iguales, mendrugos de pan o cáscaras de fruta para sobrevivir".43
Por su parte, otro preso de Pinochet recuerda "haber oído a los torturadores exasperados torturándole y preguntándole: ‘¿Y por qué no habláis cura maricón?’ El gritaba a esos tipos: ‘Por mis principios, por mis principios’".44
Días después la DINA le trasladó a Cuatro Alamos, donde volvió a ser torturado con crueldad para que delatara a sus compañeros. Pero se negó a hacerlo. Hermann Schwember convivió con él en este centro de detención. "Llidó había ingresado en pésimas condiciones físicas debido, según contó, a torturas por shock eléctrico y golpes en diversas regiones del cuerpo. Estos apremios resultaban en intensos dolores en el pecho, temiéndose entonces que hubiera fractura de costillas".
"Durante los días de su permanencia en la pieza 13, el Padre Llidó se recuperó físicamente y fue un ejemplo de fortaleza, camaradería y alegría para sus compañeros presos. El 25 de octubre un grupo de prisioneros de la pieza 13 fue sacado con destino desconocido, entre ellos el Padre Llidó"45 , explicó Schwember. El Informe Rettig considera que su desaparición concluyó con su asesinato y "la disposición de sus restos de modo que no pudieran ser encontrados". Tenía 38 años.
En diciembre de aquel año los obispos Fernando Ariztía (católico) y Helmut Frenz (luterano), copresidentes del Comité Pro Paz, preguntaron a Pinochet por el paradero de Llidó. "Ese no es un sacerdote, es un marxista, y a los marxistas hay que torturarles para que canten. La tortura es necesaria para extirpar el marxismo", respondió el tirano.
Mientras, Emilio Ruiz Tagle no tenía reparos en aplaudir el golpe de estado: "Como un enfermo condenado a morir que se ha librado por una acertada operación, el país ha perdido alguna sangre, ha sufrido algún dolor, hay heridas que deben cicatrizarse. Pero se ha salvado la vida de Chile como nación libre y soberana".46
7. "La Iglesia que nace del pueblo"
A Igreja que nasce do povo ("la Iglesia que nace del pueblo"). Así se refieren en Brasil a la Teología de la Liberación, a "la opción prioritaria por los pobres", a aquella interpretación del cristianismo tan fértil en América Latina y que entregó y entrega a la lucha por la justicia social y la libertad el compromiso de creyentes como Oscar Arnulfo Romero, Ignacio Ellacuría, Joan Alsina, Antonio Llidó, Pere Casaldàliga, Frei Betto...
Hoy Antonio Llidó vive en el corazón de su familia y amigos, que han hecho lo imposible durante estos veinticinco años por lograr Verdad y Justicia. En particular, es emocionante comprobar la huella, y la semilla, que dejó en sus compañeros de Quillota y Santiago de Chile. Muchos de sus hijos llevan el nombre de este sacerdote valenciano. Y cuando se reúnen con sus familias, cantan las canciones que cantaba Antonio.
Una mujer de Quillota, muy amiga de este sacerdote, explica que "él trabajaba para dar de comer a gente muy, muy pobre, gente sin trabajo, con muchos niños. Nunca manejaba ni un céntimo. En estos medios se desenvolvía, estas gentes eran sus amigos, con ellos se sentaba debajo de un árbol a la hora de comer a comerse unas cebollas con tomate, sin sal, sin aceite, porque no había. Una historia trágica, pero qué bella y qué llena de contenido humano. Increíble que hayan pasado tantos años y que los recuerdos estén intactos".47
Un hombre que conoció a Llidó y luchó con él cuando era un adolescente asegura que aquellos días junto al Padre Toño fueron los más maravillosos de su vida. "Todas las personas que le conocieron transmiten una gran amistad con él. Era capaz de construir una gran amistad con todos y hacerle sentir a cada uno que era tremendamente importante en su vida. El Toño era capaz de conversar con cada uno de los temas que a cada uno le importaban. Esa persona, para quienes son enemigos de la libertad, es tremendamente peligrosa porque en esa relación cada persona se siente importante, se siente libre; cuando uno se siente importante, se siente digno, y en ese momento está en condiciones de pelear por lo que le pertenece."
"Al Toño no lo mataron por ser cura sino por ser militante revolucionario. Cuando llegó a Chile, tomó una decisión de cómo iba a desarrollar su sacerdocio: vivir en una población pobre, tratarse con gente humilde y compartir esa pobreza. Estuvo dispuesto a ello, pero a cambio les exigió sueños, les exigió compromiso, les exigió dignidad".48
Andrés Pascal Allende conoció a Llidó en Valparaíso. Desde su punto de vista, "los objetivos de su lucha y su sentido ético de la política es terriblemente actual. El mundo no puede seguir viviendo como vive hoy día; basta ver que de los seis mil millones de personas, casi cuatro mil millones viven en la pobreza. En este contexto, puedes ver la fuerza, el ejemplo, el valor y la actualidad que tiene la vida de una persona como Antonio Llidó".
"Es esa capacidad de llegar incluso hasta la tortura y en la tortura dar la vida por una vida mejor. El entendió que había que dedicar la vida, no por obligación, porque era una opción individual y consciente, a contribuir incluso con la muerte a generar una sociedad mejor".49
Hoy, poco a poco y con grandes dificultades, renace en Chile aquel movimiento popular con el que luchó y murió Antonio Llidó. Desde enero de 1999 la izquierda vuelve a dirigir la Central Unitaria de Trabajadores, hecho que no sucedía desde 1973; también el Colegio de Profesores, las organizaciones de derechos humanos y las principales federaciones de estudiantes, así como importantes sindicatos de la salud, están dirigidos por la izquierda.
Y pese a la decepcionante votación lograda por su candidatura en las pasadas elecciones presidenciales, el proyecto de la izquierda chilena continúa siendo la construcción de un gran movimiento político y social que sea capaz de oponer el proyecto de una sociedad democrática y socialista al actual modelo neoliberal impuesto por la dictadura y sostenido por la Concertación. Porque como dicen aquellos hermosos versos del poeta de Isla Negra: "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".
NOTAS
2 Carta del 31 de julio de 1969 a sus amigos Rosa y Carlos.
3 idem.
4 Pujadas, Ignasi-Agermanament: Joan Alsina. Xile al Cor. Aedos. Barcelona, 1976. pp. 424-425.
5 idem, p. 428.
6 Carta del 2 de noviembre de 1969 a su amigo Héctor.
7 idem.
8 Carta del 16 de octubre de 1969 a su amigo Josep.
9 Carta del 17 de diciembre de 1969 a su amigo Josep.
10 Carta del 17 de diciembre de 1969 a su amigo Héctor.
11 Carta del 5 de febrero de 1970 a su amigo Héctor.
12 Entrevista a Tomás Moulian. Santiago de Chile, 6 de agosto de 1997.
13 Carta del 17 de septiembre de 1970 a su familia.
14 idem.
15 Declaración de principios del MIR (septiembre de 1965) reproducida en El Rebelde, septiembre de 1991. p. 11.
16 Entrevista a Andrés Pascal Allende. Levante. Suplemento En Domingo. p. 6. Valencia, 14 de noviembre de 1999.
17 Carta del 7 de marzo de 1971 a su amigo Héctor.
18 Carta del 19 de mayo de 1971 a su familia.
19 Carta del 3 de agosto de 1971 a su familia.
20 Carta del 27 de agosto a su amigo Héctor.
21 Carta del 11 de octubre de 1971 a su familia.
22 Carta del 4 de diciembre de 1971 a su familia.
23 Revista Punto Final, nº 166. Santiago de Chile, 12 de septiembre de 1972. p. 33.
24 Carta del 7 de mayo de 1972 a su familia.
25 Carta del 28 de febrero de 1972 a su familia.
26 Carta del 7 de marzo de 1973 a su amigo Héctor.
27 idem
28 La tragedia chilena. Merayo. Buenos Aires, 1973. p. 23.
29 Carta del 13 de marzo de 1973 a su familia.
30 Carta del 8 de mayo de 1973 a su familia.
31 Carta del 13 de agosto de 1973 a su familia.
32 Davis, Nathaniel: Los dos últimos años de Salvador Allende. Plaza & Janés. Barcelona, 1986. p. 209.
33 Garcés, Joan E.: Soberanos e intervenidos. Siglo XXI. Madrid, 1996. p. 145.
34 Senado de Estados Unidos: Covert Action in Chile, 1963-1973. Washington, 1975. p. 38.
35 Pujadas-Agermanament, p. 335.
36 En 1977 Brady Tyson, subjefe de la delegación de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, afirmó: "Seríamos poco sinceros si no expresáramos nuestro más profundo pesar por el papel que algunos funcionarios gubernamentales, instituciones y grupos financieros privados desempeñaron en la subversión contra el gobierno anterior de Chile, del Presidente Allende, elegido democráticamente, y que fue derrocado por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973". Drago, Tito: Chile, un doble secuestro. Complutense. Madrid, 1993. p. 35.
37 Covert Action in Chile... pp. 58-61.
38 Carta del 23 de septiembre de 1972 a su familia.
39 Richard, Pablo: Origen y desarrollo del Movimiento Cristianos por el Socialismo. Chile, 1970-1973. pp. 146 y 148. Copia mecanografiada disponible en la biblioteca del CIDOB (Barcelona).
40 Carta del 10 de julio de 1974 a su familia.
41 Boletín de SEUL, nº 43. Octubre de 1973. pp. 18-19.
42 Declaración jurada en posesión de Pepa Llidó, hermana de Antonio.
43 idem.
44 Testimonio filmado por Andreu Zurriaga (sobrino de Antonio Llidó) en septiembre de 1998.
45 "Violación de Derechos Humanos en América Latina". Informe leído en Elche. 27-1-1980.
46 Silva Solar, Julio: Carta abierta a Monseñor Medina. Planeta. Santiago, 1999. p. 64.
47 Testimonio filmado por Andreu Zurriaga en septiembre de 1998.
48 idem.
49 Entrevista a Andrés Pascal Allende. Levante. Suplemento En Domingo, p. 6. Valencia, 14 de noviembre de 1999.
Mario Amorós, Periodista e Historiador
2003-12-01
Ical
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