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BOLETIN NORTINO REBELDE

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jueves, 12 de mayo de 2005

Gobierno chileno con el cuento del TIO

Por nortinorebelde a las 16:05
LA DESILUSIÓN DE QUIENES CAYERON EN LAS ADMINISTRADORAS
AFPs: ¿El cuento del tío?

Fuente:www.lanacion.cl

Prometieron que las pensiones serían el 70% del sueldo al momento de jubilarse y que el modelo era autosustentable. Pero la realidad dice otra cosa. Los expertos acusan que las AFP sólo lograrán arruinar al Estado. El sistema ya está mostrando sus falencias y algunos afiliados sus pensiones de hambre. Aquí están sus historias.

Leyla Ramírez
La Nación


Ganaba cerca de 558 mil pesos al mes como técnico laboratorista. Hasta que un infarto al corazón lo llevó a tomar la decisión de jubilarse. Casi le dio otro ataque cuando su fondo de pensión le informó que sus casi 24 años de depósitos regulares financiarían una renta vitalicia -por 20 años- de sólo 185 mil pesos al mes. “Colegas y amigos con el mismo grado de pago, pero que se quedaron en el sistema antiguo (INP) se están retirando con una pensión de casi 410 mil pesos al mes. Mientras yo, que tengo un salario digno, voy a terminar con uno de pobreza, todo porque creí en las promesas que nos hicieron en 1981”, se quejó Dagoberto Sáez (66) en The New York Times. El periódico recogió su testimonio para retratar la serie de falencias que aquejan a las administradoras de fondos de pensiones (AFP) chilenas y así demostrarle a su Presidente, George W. Bush, que importar el modelito de la era Pinochet a su país no era, en absoluto, una buena idea.

Lo mismo siente Rogelio Mayorga. Trabajó como corrector de pruebas en varios medios de comunicación. Hasta que en los ‘80 lo obligaron a cambiarse al nuevo sistema de AFP. “Yo ganaba casi 300 mil pesos y hoy recibo una jubilación de 120 mil. Eso me obliga a seguir trabajando.”

Dagoberto y Rogelio son dos de los muchos trabajadores de clase media que hace 25 años se cambió -por gusto u obligación- al sistema nacido en 1981, que en lugar de financiar las pensiones a través de la contribución de trabajadores, empleados y gobierno, significó que millones de personas empezaran a pagar el 10 por ciento de sus salarios a cuentas privadas de inversión.

Si bien es cierto que sólo después de 40 años el modelo recién estará maduro para ver sus frutos y que en diez años más recién saldrán los primeros jubilados puros (que no estuvieron antes en el INP), a mitad de camino el panorama no es para quedarse de brazos cruzados.

La lista de críticas es larga: grave deficiencia de cobertura (apenas supera el 50% de la fuerza de trabajo), sus elevados costos de administración (que pueden absorber hasta un 20% de los fondos del cotizante), deja fuera a trabajadores temporales, sin contrato fijo e independientes (o sea, no se ajusta ni da respuestas al nuevo mercado laboral). Otra de las críticas es que significará una pesada mochila para el Estado.

Problemas estructurales

Para Fernanda Villegas, asesora laboral del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), el gran problema del sistema que dio vida a las AFP es que se ideó para un tipo de trabajador y para un tipo de mercado laboral, que ya está obsoleto. “Este sistema se pensó para un hombre proveedor de un hogar donde la mujer se dedicaba a la reproducción y al cuidado de los otros. Este hombre, además, tenía un trabajo asegurado prácticamente de por vida, por lo que no tenía baches en su proceso de acumulación de capital. Pero ese modelo de mercado de trabajo ya esta en franca retirada”, dice.

De hecho, desde 1990 al 2002 más de 600 mil mujeres se han incorporado a la fuerza de trabajo, en un mercado cada vez más diverso, con mucha temporalidad, con distintos tipos de contrato y con mucho trabajo independiente. Esta población trabajadora, sin embargo, es discriminada por el sistema, pues no es rentable para el negocio.

“Se ha calculado que en el actual sistema una mujer temporera debería trabajar 60 años para alcanzar a tener las cotizaciones mínimas ¡Imposible! También está el caso de las trabajadoras de casa particular, que son la primera fuente de trabajo femenino en Chile (16%), cuya mayoría no se autoimpone, porque sienten que no van a tener beneficios significativos al término de su vida laboral. No ven la diferencia entre la jubilación que podrían recibir y tener que ponerse a la fila de la pensión asistencial en la municipalidad”.

Roberto Fuentes, gerente de estudios de la Asociación de AFP, dice, sin embargo, que estos problemas son más bien responsabilidad del mercado del trabajo que de las AFP. “Aquí como en todas partes del mundo donde hay sistema de pensiones contributivos, se requiere de un período mínimo de aportes para el pago de pensiones. La gran innovación de la reforma pensiones es que definió los aportes previsionales como propiedad del trabajador. Es verdad. Hay gente que no alcanza ese mínimo y cuando es así se les devuelven sus ahorros. En el caso de las temporeras proponemos una pensión mínima graduada, es decir, que sea proporcional a los meses aportados.”

Proyecciones

A la fecha se calcula que sólo un 56% de la fuerza de trabajo nacional cotiza y que un 50% de los afiliados no alcanzarán pensiones mínimas. Es decir deberán ser subsidiados por el Estado, ello sin contar a aquellas personas que no tienen previsión y tendrán que recibir pensiones asistenciales.

Según el senador Jaime Gazmuri la garantía estatal en el 2004 alcanzó un valor aproximado de 83,3 millones de dólares y la proyección al 2020 es que ese aporte será de 250 millones. “De esta forma el sistema se va convirtiendo en uno bastante mixto, donde el Estado tiene que hacer una contribución para garantizar sus propios compromisos”.

Según diversos estudios efectuados por los economistas Manuel Riesco y Cristián Paiva, del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda), las actuales estadísticas disponibles sobre los afiliados permiten asegurar que más de la mitad de ellos tiene edades inferiores a 36 años, cotizan un promedio de 4,8 meses por año y tiene menos de un millón de pesos en su cuenta de capitalización.

Paiva explica a La Nación que el análisis de estos resultados preliminares permiten confirmar que, en las condiciones actuales, más de la mitad de los afiliados, es decir, más de 3,3 millones de personas, no lograrán la cantidad de cotizaciones requeridas para alcanzar la garantía estatal de la pensión mínima. Es decir, deberán conformarse con una pensión asistencial de 37 mil pesos o muy inferior a la mínima (76 mil).

“El problema fundamental es que este sistema de AFP está ligado al trabajo. En estos 25 años que lleva el sistema hay mucha gente que no tiene trabajo y como sus fondos dependen exclusivamente de eso no lograran los montos requeridos”, dice Paiva.

Las AFP se defienden con otro estudio en mano, pero que sólo integra a quienes tienen una historia de ahorro previsional de más de 10 años. En él aseguran que entre un 72% y un 84% de los afiliados tendrán pensiones superiores a la mínima.

Fuentes aclara además que el sistema “se concibió desde un principio con la indicación de que el Estado iba a subsidiar a los trabajadores pobres que no iban a lograr tener fondos suficientes para pensiones. La AFP son sólo uno de los pilares del sistema previsional”.

Comisión perversa

El punto más cuestionado es la comisión fija que se cobra a los cotizantes, que resulta excesivamente alta y perversa para quienes tienen sueldos más bajos. La administración del fondo de pensiones consume nada menos que el 20% de los ahorros. “El costo de administración es carísimo y eso no tiene ninguna justificación. Uno de cada cinco pesos que pagan los cotizantes va a administración y por eso hay que regular el tema de las comisiones“, dice el senador Gazmuri.

Para el gerente de estudios de la Asociación de AFP, el tema de las comisiones no es tan relevante, pero se puede perfeccionar. La propuesta del gremio es que su cobro se traslade a la cotización “para darle más visibilidad al cobro e incentivar la competencia por precios”. Sin embargo ello no reduce el cobro y no da respuesta al problema de que los sueldos más bajos son los más castigados por la comisión fija, algo que Fuentes reconoce. “Pero hay que entender que todo esto tiene sus costos y es bueno, desde el punto de vista económico, que las tarifas se asemejen a lo que cuesta producir el servicio”, explica.

Agrega, además, que desde sus inicios el sistema de AFPs se ha ido perfeccionando y dos ejemplos recientes son el sistema de multifondos y el de ahorro previsional voluntario. El último, sin embargo, beneficia sólo a los grupos ABC1 ya que tiene incentivos tributarios.

Para la experta laboral del Sernam el tema de fondo es cómo incorporamos factores solidarios a este negocio. “La visión del Estado es muy distinta a la que pueda tener la empresa privada que ven en esto un negocio. Y nos pasa lo mismo que con el sistema de salud privado, donde los que no califican van quedando afuera. Y eso no puede ser”.


Discriminadas

Para Fernanda Villegas, del Sernam, el sistema de AFPs es discriminatorio hacia la mujer por varios motivos. Más de dos tercios de las mujeres afiliadas al sistema, que suman una cantidad de 2 millones de mujeres, no van a lograr la meta de garantía estatal; y dado que sus fondos acumulados no les van a alcanzar para mucho, se encuentran actualmente en una grave indefensión.

En ello influye que los primeros 10 a 15 años de cotización es cuando se da la capitalización máxima. “Mucha gente no tiene idea de eso y por eso es muy poco relevante que una mujer llegue a los 55 años con un ingreso de un millón de pesos, si durante los primeros 10 años de su vida laboral ganó poco más del mínimo, pues ese ése período en el que se da la máxima capitalización”.

Otro factor discriminatorio es que el período de mayor capitalización del sistema coincide con el período de maternidad de la mujer “pero sus salidas maternales no están contempladas por el sistema y eso desincentiva tener hijos”.

A eso suman las mayores expectativas de vida de las mujeres (6 años más que los hombres), su trabajo en áreas de más inestables y como independientes y el creciente desincentivo a cotizar.

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