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BOLETIN NORTINO REBELDE

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lunes, 25 de abril de 2005

ZAPATISMO Y SOCIALISMO

Por nortinorebelde a las 16:53
ZAPATISMO Y SOCIALISMO
Al grito de ¡Tierra y Libertad! el pueblo mexicano se bañó en sangre alzándose en armas contra el dictador, el tirano, el opresor, el explotador, contra el gobierno dictador de Porfirio Díaz, contra el hacendado latifundista. ¡Tierra y Libertad! fue el grito de guerra de millones de campesinos que ofrecieron su vida por un México justo, próspero y libre. Fue uno de los motores que le dieron vida a la revolución mexicana de 1910-17. Lema que por paradójico que parezca sigue siendo vigente hoy a 86 años del asesinato del libertador del sur, como se le conoce a Emiliano Zapata.
Una de las demandas de la revolución de 1910-17 fue la tierra, por ella lucharon las masas populares, el campesinado. En la revolución el pueblo oprimido y explotado expuso y fundó sus anhelos de democracia, justicia, tierra y libertad, pues más del 90% de los campesinos no tenían tierra y la población mexicana mayoritariamente era rural, es decir, que el grueso de la población vivía en el campo, claro está, sin tierra y libertad. La revolución fue para proporcionar tierra a los campesinos.
Pese a que en esta heroica lucha del pueblo mexicano murieron miles de campesinos por los ideales de democracia, justicia, tierra y libertad, sus legítimas aspiraciones no fueron resueltas, por que los representantes de la burguesía mexicana Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón se apoderaron de la dirección de la revolución y asesinaron a los representantes de las masas explotadas y oprimidas, para erigirse como clase dominante y así defender sus mezquinos intereses de clase.
A casi un siglo de la revolución mexicana y a 86 años de la muerte del libertador del sur, el problema agrario no ha sido resuelto a favor de los campesinos en general, mucho menos para los más pobres de estos. Hubo repartición sí, pero no fue equitativa ni justa. En los hechos representó: “1) consolidar políticamente al gobierno, acallando mediante el reparto las protestas de los campesinos, y permitir, de ese modo, la pacificación del país mediante el asesinato de los pocos que aun defendían los intereses del pueblo y pedían cambios revolucionarios reales. 2) garantizar el suministro de alimentos y materias primas para la industria y las ciudades, con el objeto de hacer posible el desarrollo de los sectores industriales y comerciales de la actividad económica y permitir una mayor explotación de la agricultura, por estos sectores. 3)garantizar una oferta de mano de obra para el sector capitalista de la agricultura y para la industria haciendo posible una mayor explotación del trabajo asalariado, ya que como habían más trabajadores que empleos los salarios que se pagaban eran muy bajos: Al mismo tiempo que se neutralizaba el poder político de los campesinos convirtiéndolos en propietarios ¡aunque su propiedad fuera tan pequeña y tan pobre que los mantuviera en situación de miseria y los obligara a vender su fuerza de trabajo por salarios ínfimos para poder subsistir!.” Extracto del documento N° 1 de la organización.
Persisten en la actualidad millones de campesino en la miseria, sin tierras o si las poseen son improductivas porque los carrancistas en confabulación con los anteriores propietarios caciques se valieron de sus cotos de poder para apropiarse de las mejores tierras, de las más productivas. Así, de generación en generación se han venido heredando tanto los bienes usurpados a la revolución como los cotos de poder.
Otros millones más han sido expatriados de su lugar de origen, y viven confinados en un país imperialista donde no gozan de derechos sociales ni políticos, son los modernos esclavos de la burguesía estadounidense. La expulsión de los campesinos hacia las ciudades y hacia el extranjero es el verdadero censor con que se mide la crisis que vive el campo mexicano desde el siglo pasado, es grave y se agudiza día con día.
Se ha olvidado el millón de campesinos solicitantes de tierra que existía antes de la reforma al artículo 27 y 123 y lejos de resolver al problema a favor de los campesinos han agudizado la situación con tales reformas, que lo que han logrado es el fin de la obligación del Estado de repartir tierras para quienes no las posean, significa la disolución del ejido y las tierras comunales con lo que se destruyen las relaciones de solidaridad y ayuda mutua, incentivando con ello la propiedad privada y el desprecio a la propiedad colectiva. Surge entonces nuevas formas de latifundismo, donde el explotador y el opresor ya no es el hacendado pero si el empresario nacional y extranjero. Ahí están los herederos de los usurpadores, los modernos terratenientes amparados por el actual gobierno, incrustados algunos en el propio gobierno, para muestra un botón: los Usabiaga, los Carranza, los Fernández de Cevallos, los Derbez...
Todavía al grito de ¡ZAPATA VIVE! ¡LA LUCHA SIGUE!, ¡ZAPATA VIVE, LA LUCHA SIGUE Y SIGUE! Miles de campesinos solicitan tierra, exigen justicia, reclaman democracia y libertad, persiste el problema agrario. Los actuales conflictos tienen que ver con la tenencia de la tierra y la crisis económica que se vive en el país, que no han sido resueltos, no hay interés por resolverlos de parte del actual gobierno, porque no son sus intereses, porque no representan los interese del pueblo, porque la economía de mercado, es decir, el neoliberalismo solo beneficia a unos cuantos, (a los opresores y explotadores) a los nuevos terratenientes herederos de los viejos caciques, en una palabra: a la moderna burguesía, enemiga de la clase trabajadora y por ende de la revolución.
El nuevo latifundismo ha cobrado fuerza recientemente con el gobierno de ultraderecha, al igual que en la época de la dictadura porfirista con el beneplácito del gobierno, las trasnacionales están acaparando las tierras más productivas, consumándose una vez más un hurto e insulto al pueblo de México, de ahí la necesidad del campesino de seguir luchando por la tierra, con la modalidad de que ahora la lucha no debe estar desvinculada de la lucha por el socialismo. Solo así será resuelto el problema definitivamente y a favor del campesino y la clase trabajadora. De esta manera le estaremos rindiendo honor a los que cayeron en combate en la revolución, al más brillante y consecuente revolucionario de aquella época: Ricardo Flores Magón, artífice del lema y grito de guerra ¡Tierra y Libertad! Y de Zapata por llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias.
“La tierra es de quien la trabaja”, sigue vigente y debe continuar para lograr la transformación de estas condiciones de vida al lado de todo el pueblo.

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