lunes, 28 de febrero de 2005
Por nortinorebelde a las 13:46
Cheyre y EE.UU
Interesantes son las opiniones sobre política internacional y las
orientaciones estratégicas del comandante en jefe del ejército, general Juan
Emilio Cheyre. Las ha entregado en diversas ocasiones. En dos
oportunidades de manera articulada y completa: en una clase magistral en la
Academia de Guerra (6 de abril de 2002) y en la Academia Diplomática (22 de
octubre del mismo año).
Las razones son evidentes. El ejército -como las otras ramas de las
FF.AA. y también Carabineros- es un actor político y, por lo tanto, las
opiniones de su máximo jefe son significativas. Por otra parte, dado el
grado de autonomía con que se manejan las instituciones armadas, pueden
tener connotaciones no necesariamente idénticas a las orientaciones del
presidente de la República a través de los ministerios de Relaciones
Exteriores y Defensa.
Esquemáticamente, la posición expuesta por el general Cheyre implica:
• una relación privilegiada con Estados Unidos, país al que atribuye
una misión ética y dignificadora;
• búsqueda de acuerdos y coordinaciones militares con Argentina y
Brasil, con vistas a concordar en el Cono Sur una política de defensa
relativamente independiente de Estados Unidos;
• una posición gradualista en torno a la reestructuración de la OEA y
el sistema del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR);
• consideración especial de la variable económica.
Analizaremos lo anterior a partir de los textos de las clases
magistrales citadas. Por ser idénticas en su parte medular, podemos entenderlas
como un solo texto representativo. Las contrastaremos con la doctrina
que orienta la política exterior norteamericana, explicitada por el
presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en el documento titulado
“Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos” (septiembre de 2002).
PAPEL DE EE.UU.
EN LA REGION
Expone Cheyre:
“En la región, el país del norte mantiene una presencia importante,
pero ambigua. En efecto, la demostración más clara fue su política de
‘abandono benigno’ de la década del 70. A su vez, el comportamiento de la
potencia en el conflicto de Las Malvinas, donde privilegió su alianza
europea en detrimento de su obligación como miembro pleno de la OEA y
principal garante del TIAR, demuestra la existencia de prioridades a las
que siempre se encontrará expuesto. Por lo señalado, el rediseño de una
arquitectura de seguridad no puede desconocer la importancia de Estados
Unidos y su indiscutible ‘papel preponderante en el área’. Sin embargo,
con la misma fuerza se deben hacer concordantes los intereses de dicha
potencia y la visión de los Estados directamente involucrados. En tal
sentido, la simple aceptación de un esquema que pretenda ‘amarrar’ el
nuevo sistema a un ambiente multilateral, propio del concepto de
‘seguridad colectiva’ o a una visión restringida de ‘seguridad cooperativa’,
pareciera simplificar y premeditar una solución que teniendo importantes
elementos valederos, puede ser incompleta para consensuar un adecuado
esquema de seguridad que dé origen a verdaderos acuerdos, organizaciones
y marco jurídico concordante con la realidad imperante. Hay que
decirlo, la superpotencia como nunca tiene una responsabilidad en los asuntos
mundiales, que va más allá de su mero poder militar. Esta la concebimos
como el gran imperativo ético para establecer un orden de paz para la
libertad. Es una tarea de tal envergadura, que pareciera que nadie, y
menos un país como Chile, puede sustraerse al desafío que ello conlleva”.
En cuanto a la forma de plasmar el entendimiento, el general Cheyre
piensa en una OEA renovada que se plantea identidad de intereses
estratégicos con Estados Unidos, “la única superpotencia”. Al mismo tiempo, un
entendimiento con Argentina y Brasil, posibilidad que no queda excluida
por el entendimiento con Estados Unidos. Aventura que el desarrollo más
probable de las FF.AA. en la región consistirá en “que serán
organizadas, entrenadas, equipadas y educadas para la cooperación y la
disuasión”.
Continúa:
“El papel gravitante de Estados Unidos constituye una presencia que
tendría dos opciones en sus relaciones con nuestra región: ejercer solo y
‘a solas’ la influencia que su inmenso poder le otorga; o buscar con
Latinoamérica una asociación o comunidad de Estados, pero con una OEA más
activa y moderna, dirigiendo los asuntos hemisféricos a través de
establecer una identidad de intereses estratégicos con la única
superpotencia. Esta segunda opción no excluye la posibilidad, inicialmente, de una
asociación del mismo tipo, pero restringida a un grupo determinado de
países (Argentina, Brasil y Chile). La mayoría de las FF.AA.
latinoamericanas se encuentra todavía en función de los requerimientos de la
guerra fría; es imperioso que adquieran el carácter de móviles, flexibles,
capacitadas para ser desplegadas y permanecer en el campo de batalla”.
CONTEXTO EXPLICATIVO
Bosqueja Cheyre un panorama poco novedoso. Su visión más descriptiva
que analítica le sirve para establecer “premisas básicas” de las que
deriva conclusiones. Constata que el término de la guerra fría significa la
desaparición del enemigo común y la justificación de la defensa
colectiva. Los peligros actuales son distintos, pero el conflicto, con
diversas expresiones, pervive. La gravitación de Estados Unidos en el
continente y el mundo perfila las cosas de una manera específica, que no cierra
las posibilidades de entendimientos regionales o subregionales.
Las “premisas básicas” son las siguientes:
- El Estado “motor” ha sido reemplazado por el Estado “engranaje”,
vinculante o articulador de relaciones.
- Se han consolidado “tendencias no solamente deseables sino
exigibles”, que son: “La democracia como forma de gobierno, la economía abierta
-sin restricciones- como modelo imperante, el respeto a los derechos
humanos, como obligación para establecer relaciones válidas entre las
sociedades; el privilegio de la negociación por sobre la fuerza, la
integración y cooperación hacia procesos globalizantes”.
- El tercer elemento es el unipolarismo. Sin embargo, deja espacios:
“En este nuevo esquema -señala Cheyre- en apariencia ordenado, hegemónico
y uniforme, surgen nuevas expresiones que en los hechos lo reflejan
difuso y anárquico, características poco percibidas y menos aprovechadas
para ocultar espacios supuestamente exclusivos de la potencia dominante.
De allí la necesidad -continúa- de asumir que el unipolarismo no
resulta contradictorio con la imperiosa necesidad de que otros Estados
fuertes también los ocupen (los espacios, PF). El no hacerlo producirá
anarquía, tal vez lo más peligroso de la realidad internacional de hoy”.
- La periferia tiene un papel importante. En ella no todo es ordenado
ni corresponde a los códigos de unipolarismo. Esos espacios periféricos
-y lo ejemplifica en el Cono Sur- tienen mayores posibilidades de
“plantear sus relaciones de seguridad con originalidad”.
- La política ya no puede limitarse a “una visión reduccionista, frente
a una preponderancia de variables económicas que pretenden dominar las
relaciones de poder”.
- La “asociación” es un modelo deseable y posible. Dentro de ella, una
de sus particularidades es que Estados Unidos define las políticas
quedando un espacio importante para ser explotado, especialmente por las
regiones y subregiones, con vistas al establecimiento de un “régimen
internacional vinculante”.
El general Cheyre aspira a un régimen internacional de seguridad, donde
los Estados se sometan a reglas universales, iguales y vinculantes.
POLITICA IMPERIAL
Teniendo en cuenta que en cualquier planteamiento sobre la situación
internacional Estados Unidos ocupa un lugar central, no se deben ignorar
los rasgos principales de su política exterior.
En el documento titulado “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados
Unidos”, de septiembre de 2002, el presidente George W. Bush definió
objetivos políticos, militares y económicos. Citamos pasajes destacados:
“…Estados Unidos aprovechará este momento como oportunidad para
extender los beneficios de la libertad al mundo entero. Trabajaremos
activamente para llevar la esperanza de democracia, desarrollo, mercados libres
y libre comercio a todos los rincones del mundo.
El libre comercio y los mercados libres han demostrado su capacidad
para levantar de la pobreza a sociedades enteras. Por lo tanto, Estado
Unidos colaborará con países individuales, con regiones enteras y con toda
la comunidad del comercio mundial para crear un mundo que comercie en
libertad y, por lo tanto, crezca en prosperidad”.
“…No dudaremos en actuar solos, en caso necesario, para ejercer nuestro
legítimo derecho a la defensa propia, con medidas preventivas contra
esos terroristas, a fin de impedirles causar daño a nuestro pueblo y a
nuestro país, y privar a los terroristas de nuevo patrocinio, apoyo y
refugio seguro, convenciendo u obligando a los Estados a aceptar sus
responsabilidades soberanas”.
“…Cuanto mayor sea la amenaza, mayor es el riesgo de la inacción y más
imperiosa la razón para tomar medidas preventivas para defendernos,
aunque subsista incertidumbre en cuanto al momento y el lugar del ataque
enemigo. Para impedir o evitar tales actos hostiles de nuestros
adversarios, Estados Unidos actuará preventivamente si es necesario”.
“…sociedades abiertas al comercio y a las inversiones. Los verdaderos
motores del crecimiento económico son el comercio y las inversiones.
Incluso si aumenta la ayuda del gobierno, la mayor parte del dinero para
el desarrollo debe provenir del comercio, del capital externo y de las
inversiones extranjeras. Una estrategia eficaz también debe tratar de
expandir esas corrientes. Los mercados libres y el libre comercio son las
prioridades claves de nuestra estrategia de seguridad nacional”.
ANALISIS Y CRITICA
En las formulaciones expuestas por el comandante en jefe del ejército
hay elementos de diverso carácter, pero lo fundamental es el papel que
asigna a Estados Unidos, país que -según reconoce- se guía por sus
propios intereses.
La mirada del general Cheyre sobre Estados Unidos es, por una parte,
reduccionista y por otra, ingenua. Estados Unidos, con su poderío
inigualado, no tiene como objetivo central imponer en todo el mundo la
libertad basada en el orden. Lo ha dicho el propio presidente Bush. Para él,
los asuntos fundamentales son otros: “Los mercados libres y el libre
comercio son las prioridades claves de nuestra estrategia de seguridad
nacional”.
Para ese país, libertad y orden son parte de un proyecto mucho más
general que persigue, siempre según Bush, llevar la “esperanza de
democracia, desarrollo, mercados libres y libre comercio a todos los rincones
del mundo”, a través de una política de indiscutibles connotaciones
imperiales.
La búsqueda de una asociación estratégica con Estados Unidos, basada en
la identidad de propósitos, significa lisa y llanamente aceptar la
política imperial y comprometerse a fondo con el neoliberalismo.
Imaginar un régimen internacional de seguridad donde los Estados se
someten a reglas universales, iguales y vinculantes, es una apuesta
imposible dada la orientación de la política norteamericana. Estados Unidos
se coloca por encima del derecho internacional, desde el momento en que
anuncia su voluntad de actuar unilateral y preventivamente en caso de
peligro. Su posición frente al Tribunal Penal Internacional, el tratado
de Kyoto y otras materias semejantes es suficientemente conocida.
Lo concreto: Estados Unidos impulsa un proyecto de dominación mundial
que va mucho más allá de lo que el general Cheyre parece dispuesto a
reconocer.
En relación con ese objetivo, la superpotencia busca integrar con sus
aliados fuerzas de disuasión y cooperación que minimizan bajas y costos.
Ese nuevo diseño de fuerzas ha estado presente en el proyecto de
modernización que se lleva a cabo en el ejército chileno, como ha dicho el
general Cheyre en diversas oportunidades.
Uno de los propósitos principales consiste, en sus palabras, en
“incrementar la capacidad de proyección y disuasión mediante una estructura
flexible y multifuncional”. En un seminario sobre unidades mecanizadas de
16 de julio de 2003, sostuvo que se ha buscado “implementar una mayor
interoperatividad que permitiera desarrollar operaciones conjuntas con
otras ramas de las Fuerzas Armadas con capacidad para actuar ante
situaciones de crisis, emergencia y catástrofes naturales en el plano
nacional como internacional, asimismo interactuar eficientemente con medios de
otros países integrando fuerzas multinacionales”. En el mismo sentido
destacó las maniobras Tamarugal, las más grandes realizadas con ese
carácter en América Latina, organizadas conjuntamente por el ejército de
Chile y el comando sur, de Estados Unidos. Por otro lado, el envío de un
contingente chileno a Haití, con inusitada prisa una vez que Estados
Unidos formalizó su petición de ayuda, evidencia también la distancia
entre las declaraciones, los propósitos y el mundo de las realidades,
donde imperan las presiones y afinidades ideológicas.
El punto débil del planteamiento del general Juan Emilio Cheyre es que
no está sustentado en estudios serios acerca del papel que juega
Estados Unidos en el mundo y el continente. Hay una contradicción esencial de
los diversos países de América Latina y Estados Unidos, que les impone
una condición de subordinados que beneficia sus intereses imperiales.
Señalamos, finalmente, una carencia esencial en el planteamiento del
comandante en jefe del ejército, que tiene que ver con la ausencia de una
visión latinoamericana -aunque la búsqueda de entendimientos con
Argentina y Brasil pudiera tener importante significado positivo-. Una visión
latinoamericana que asuma la relación específica que tienen nuestros
países con Estados Unidos y que, incluso, pueda visualizar la posibilidad
de acciones armadas contra efectivos norteamericanos en ciertas y
determinadas coyunturas, en situaciones de conflicto que deberían ser
enfrentadas con la movilización de todo el pueblo.
HERNAN SOTO
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