lunes, 27 de diciembre de 2004
Por nortinorebelde a las 9:04
Carta al Colegio de Periodistas sobre la detención de Galvarino Apablaza, comandante "Salvador" y la publicación de todo tipo de mentiras y falsedades por "periodistas" de medios oficiales
"La forma de operar de estos medios no fue más que una actitud mafiosa".
Señores
Colegio de Periodistas de Chile
Presente
Buenos Aires, 10 de diciembre de 2004
Queridos colegas y compañeros:
Soy Paula Chahin, la afiliada número 2090, del Consejo Metropolitano y como estarán informados, pasé de periodista a noticia y quería comentarles algunas situaciones vividas en el contexto del circo montado por la derecha y la policía chilena, en el cual la prensa chilena ha tenido un rol estelar, lo que no hace más que
denigrar el ejercicio profesional fiel a la verdad con el cual a diario nos movemos una gran mayoría, incluso
en condiciones de mayor adversidad como en la dictadura de Pinochet.
Seré breve porque hoy se me necesita en la defensa de mi compañero para poder conseguir cuanto antes su libertad y obtener alguna vez, la ansiada paz hoy tan aportillada, lo que le ha hecho daño a mis hijos,
especialmente a la menor, de sólo tres años.
Cuando se hace pública la detención de Salvador, los periodistas empezaron a llegar de Chile a los tribunales argentinos esa misma tarde que lo llevaron ante el juez, el martes 30 alrededor de las 13. A todos accedí
con respuestas discretas pero informativas, incluso fui yo quien les di mi nombre, en circunstancias de que ellos manejaban la información de que su mujer era una periodista de nacionalidad argentina. Les pedí que despejaran
mi casa de cámaras y micrófonos, que yo les daría en la ciudad todos los antecedentes que requirieran, pero que quería fuera de ello a mis hijos y a mis padres, todos tremendamente impactados por la detención de Salvador, ocurrida unas pocas horas antes. La mayoría accedió, salvo el enviado de Canal 13 y El Mercurio, que volvieron a filmar durante el terrible allanamiento sufrido en mi domicilio esa misma tarde del martes.
En medio del dolor por los hechos vividos, al día siguiente fue tremendo el impacto al ver que -pese a mi disposición a decir la verdad, mucho más ante quienes consideraba "colegas"- se publicaron todo tipo de mentiras y
falsedades ante lo cual claramente veía la mano de nuestros persistentes poderes fácticos.
Cuando fui a visitar a mi marido y estaban ellos esperando darse un banquete con el dolor ajeno, le dije a los enviados de La Tercera y Canal 13 que suspendía todo diálogo con ellos por irresponsables y por desacreditar esta sufrida profesión a la cual dedico mis mejores esfuerzos y -aún hoy- considero como la mejor forma de fiscalizar al poder (al menos así se ejerce acá en Argentina, con mucha valentía y decoro).
Mucho se molestaron, incluso el del 13 me increpó y el representante de la Tercera me dijo que la información que encabezaba su diario ese día (la de los millones de dólares) les había sido proporcionada por la policía. No me quedó duda entonces de la operación política que había detrás de la escandalosa detención de mi compañero,
justo cuando en Chile se publica el informe sobre la Comisión que investigó la tortura, de la cual Salvador fue una de las miles de víctimas. Me pregunto ¿habrán estudiado alguna materia de ética y de investigación estos muchachos que aspiran a ascender profesionalmente a costa de hacerle el juego a sus editores comprometidos con la dictadura? Si me hubiesen preguntado a mí les habría dicho de quien es la casa que existe y hasta habríamos entrado a Internet para ver su valuación porque son datos que están en un registro público como lo admite tardíamente hoy La Tercera en un espacio bastante menor que el dado a la información aportada por los organismos de inteligencia a los cuales adhiere sin siquiera chequearlos previamente. La respuesta brutal fue: "entonces ahora da tu versión". Les respondí que yo no funciono a fuerza de extorsiones, porque la forma de operar de estos medios no fue más que una actitud mafiosa.
La cacería mediática, sin embargo, estaba comenzando pues a los dos días me entero de que había una periodista de El Mercurio merodeando nuestra vida personal: modista, colegio de mis niños, taxistas de la zona (es
mentira lo de los vecinos porque no tenemos) y que hasta sacó del canasto una bolsa de basura que habíamos tirado después del impactante allanamiento del día martes, estando Salvador preso. La periodista se comunicó conmigo y a modo de trofeo de guerra, me relató su incursión en la basura y el hallazgo de una carta enviada por el hermano de mi esposo hacía un largo tiempo con la cual El Mercurio titulaba su edición del domingo, pretendiendo involucrar al gobierno y la revolución cubana en la actividad política de mi marido. Ello no hace más que probar la
mediocridad de nuestros nuevos colegas en tanto, el vínculo fraterno de mi compañero con Cuba está públicamente acreditado por el mismo gobierno cubano quien ha reivindicado el accionar de oficiales chilenos formados en
sus escuelas en aras de terminar con la opresión imperante en Chile bajo la tiranía de Pinochet y por el propio Salvador, quien ha declarado en reiteradas oportunidades su gratitud hacia ese generoso pueblo y gobierno,
que lo acogieron solidariamente y le dieron la posibilidad de volver a nacer tras su dramático paso por numerosos campos de concentración de Chile y tras ser expulsado de su país, como miles de chilenos.
Ante mi impacto por estos nuevos métodos de investigación "periodística" le dije a la "colega" de que su actitud era francamente inescrupulosa y me replicó que por estar en la vía pública no era delito. ¿Existirá en los
códigos profesionales de estos muchachos algún capítulo dedicado a la ética? ¿Investigarán ellos con tanto ahínco la complicidad y participación de El Mercurio, La Tercera, Canal 13 y unos cuantos más con los 17 años de
terror que vivió Chile entero y que parten con el momento mismo del derrocamiento de un gobierno legítimamente sostenido por su pueblo?
Son preguntas que me hago y que les traslado para comenzar un proceso de evaluación que como gremio debemos hacer para salvar el honor de nuestro trabajo cotidiano, el cual siempre creí al servicio de los demás,
siguiendo la escuela de Pepe Carrasco, Augusto Olivares, Rodolfo Walsh, Julius Fucik, y tantos otros colegas y compañeros que han empeñado su vida por servir fielmente a la verdad y a sus pueblos.
Quiero contarles, además, que la otra cara de la moneda de la cacería emprendida por mis "colegas" chilenos, es el apoyo incondicional y la actitud solidaria de la Unión de Trabajadores de la Prensa de Buenos Aires
(UTPBA) -de la cual soy miembro- lo que constituye un tremendo pilar de apoyo en estos difíciles momentos que transitamos como familia.
Un fuerte abrazo:
Paula Chahin Anania
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